Marca personal: ¿y por dónde empiezo?

IMAGE: Almagami - 123RFUna muy buena pregunta durante una charla sobre web social y la marca personal esta mañana me ha planteado una cuestión interesante: existen numerosas teorías e ideas sobre cómo apalancar la participación y las herramientas de la web social para conseguir que alimenten esos factores, pero… ¿por dónde se empieza?
Si queremos ser razonablemente metódicos a la hora de mejorar nuestro uso de herramientas sociales – suponiendo que realmente consideremos que queremos usarlas para eso, para mejorar nuestra marca personal, que no es lo que todo el mundo necesariamente busca, – ¿cuáles serían unos razonables “primeros pasos” en esa dirección?
Mi opinión: toda búsqueda de la marca o del desarrollo personal debe seguir una estrategia, y una estrategia necesita, como primer paso, tener un objetivo. ¿Cuál es mi objetivo personal en este sentido? ¿Dónde quiero estar en un tiempo razonable si mi estrategia de posicionamiento personal tiene éxito? ¿Qué términos o campos semánticos quiero que aparezcan asociados con mi nombre en una hipotética búsqueda? ¿En qué ámbito geográfico o lingüístico? ¿En español? ¿En inglés? ¿En catalán? ¿En todos ellos? ¿Qué herramientas estoy dispuesto a utilizar para ello?
En segundo lugar: ¿qué hay ahora mismo ahí? ¿Una amplia variedad de expertos, de personas con elevado prestigio, de referencias con nombre y apellidos? ¿O un páramo sombrío con poca participación? La idea es comparar ese ámbito con los famosos “océanos azules o rojos” de W. Chan Kim y Renee Mauborgne, y deducir el esfuerzo que supondrá desarrollar contenido para lograr situarse en ese entorno en un tiempo razonable. Y si vamos a desarrollar contenidos, pensemos en dónde: un buen comienzo puede ser Twitter, herramienta sencilla donde las haya, con un balance de dedicación frente a resultados interesante, que puede gestionarse desde simplemente un smartphone, y que habitualmente brinda resultados de manera relativamente rápida. Como herramienta para comenzar con algo de motivación y retroalimentación inmediata, pocas me parecen tan sencillas.
Tercero: si en efecto, al buscar en ese ámbito hay personas con una marca y una asociación con el tema reconocida, sigámoslos. Algo estarán haciendo bien, ¿no? Sin llegar al “de mayor quiero ser como ellos”, fijémonos en lo que hacen, en cuáles son sus fuentes, en cuánta presencia mantienen, en su nivel de conversación. Empecemos a utilizar Twitter ya no simplemente para saber qué hacen nuestros amiguetes o para ver la frase filosófica del día, sino también como herramienta de gestión de contenidos, o para que algunas personas nos asocien a ellos.
¿Qué pasa cuando, tras el citado análisis, situamos en nuestro timeline a esas personas y comenzamos a consumir los contenidos que generan? ¿Y si los combinamos con otras fuentes que nos permitan empezar a cubrir ese campo de una manera cada vez más completa? De manera inmediata, empezaremos a tener una cierta abundancia de contenidos con un flujo razonable – dependiendo de la temática, claro – y seguramente, nos resultará en cierto sentido “natural” empezar a rettwittear, a marcar favoritos o incluso a contestar. Cualquiera de las tres acciones lleva no solo a que las herramientas de análisis lo vean, sino también a que nuestros seguidores empiecen a auto-seleccionarse en función del tema de interés. No tenemos que abandonar lo personal o perder nuestras señas básicas de identidad, pero posiblemente sea una buena idea, si queremos apuntar en esa dirección, convertir nuestro Twitter – o la herramienta que queramos utilizar – en algo relacionado con esos campos que hemos definido como de interés.
Con esto, estamos convirtiendo nuestra herramienta en algo interesante en dos sentidos: ahora seguimos a referencias interesantes, y si lo hacemos bien, nos empezarán a seguir aquellos a quienes igualmente les interese esa temática. Únicamente con eso, empezaremos a tener un cierto valor en asociación con ello, aunque solo sea por nuestra capacidad de curación de contenidos, de filtrar lo que hemos visto con nuestro criterio. Si además contribuimos nosotros mismos con contenido original o con opiniones propias, mejor aún – siempre que valgan la pena, claro. Y en tercera derivada, otro beneficio más: podremos utilizar nuestro “timeline” como una forma de recuperar ese contenido que nos pareció interesante, simplemente buscando en él, para evitar ese efecto de “sí, leí algo sobre esto, pero… ¿dónde demonios estaba?”.
El siguiente paso, ya más complicado, consiste en darnos cuenta de que nuestra indexación, nuestro“ego search” y la durabilidad de nuestra estrategia de posicionamiento personal no debería depender del tiempo que dura la información en una red social determinada, que típicamente además se mide en horas: deberíamos plantearnos, como suele comentar Alfonso Alcántara, dejar de ser “un homelessdigital que está todo el día tirado en las redes sociales”, y empezar a construirte “tu propia casa”, aunque al principio sea un apartamento pequeño y esté en un barrio periférico. De ahí a cómo pasar a estar en un barrio céntrico o en primera línea de playa, ya van otras cuestiones sobre las que ya se ha escrito mucho… pero para empezar, pensemos en cómo poner en valor esas herramientas sencillas que utilizamos todos los días – o que no utilizamos porque no sabemos exactamente para qué – y que podrían seguramente aportar un valor en nuestra estrategia. Pero de nuevo: si es lo que queremos. No hay una “forma buena” y una “mala” de usar estas herramientas, cada uno les da el uso que le da buenamente la gana. Pero si lo que pretendo es que contribuyan a mi marca personal, a mi asociación con aquellos temas en los que quiero o me gustaría estar… no me parece un mal comienzo. 
(This post is also available in English in my Medium page, “Personal branding: where do I start?“)
fuente:http://www.enriquedans.com/2014/03/marca-personal-y-por-donde-empiezo.html


El síndrome del impostor en los emprendedores



El síndrome del impostor en los emprendedores
Hoy he oído por primera vez la existencia de este síndrome y la verdad es que ciertamente se cumple y mucho en algunos de los emprendedores de éxito que conozco.

Básicamente se trata de un síndrome en el que la persona que lo padece tiene la sensación de que no merecer lo que le esta pasando, en esencia los emprendedores competentes consideran imposible su propia competencia.

Este síndrome se ve aún más de relieve en Europa que en Estados Unidos, debido en gran medida a la tristemente famosa "cultura del pelotazo" que no es más que la forma de pensar de algunos, de que si a alguien le va bien es porque es un listillo y ha engañado a alguien, y si le va mal es porque se lo merece, sin duda es triste pero está muy presente en nuestra cultura.

Si bien es cierto que hay valoraciones que si uno se para a pensarlo fríamente son increíblemente altas (el último caso de WhatsApp es un claro ejemplo) seguro que esa gente a trabajado muy duro y durante mucho tiempo para conseguirlo, pero ciertamente debe ser muy difícil creerse que lo que has trabajado tiene un valor de 19.000 millones de dolares !!

Pero si algún día te pasa esto sólo tienes que pensar en la ecuación inversa, no eres tan listo como para engañar a la gente y que pague por tu startup una fortuna si realmente no eres muy muy bueno y tienes algo que vale la pena y mucho.

Los inversores no son tontos y sino ven una oportunidad interesante no invierten en ti ni en tu iniciativa.
fuente.http://www.cansadogurus.com/2014/03/el-sindrome-del-impostor-en-los.html

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El orgullo de ser vendedor

Si miras cualquiera de los principales periódicos el fin de semana verás que más de la mistad de las ofertas de empleo que aparecen publicadas tienen que ver con trabajos comerciales. Parece como si la venta le interesara a alguien, ¿no crees?.




La imagen social de la venta y del  vendedor

No solo es que la venta le interese a alguien sino que es el verdadero motor económico de las empresas. A través de la venta, las empresas consiguen los ingresos necesarios para mantener sus estructuras y crear riqueza. Gracias a la venta se crean empleos y prosperidad económica.
A pesar de que esto es así, no se puede negar que la profesión de vendedor no ha tenido siempre una concepción positiva a nivel social. Aún hoy cuando vemos los anuncios de empleo en busca de vendedores, se camufla el término con palabras como “Asesor Comercial, Ejecutivo de Cuentas, Desarrollador de Negocio” y otros palabros que tratan de evitar lo que realmente se ofrece: un puesto de Vendedor profesional.
Esta situación viene de la creencia de que ser vendedor significa que no se tienen aptitudes para otra cosa mejor. En ocasiones he llagado a oír “Mira, el hijo de la vecina del cuarto es vendedor. Claro, si con lo poco que estudiaba, ya sabía yo que no llegaría más lejos”. La creencia de que para triunfar hay que ser ingeniero, doctor o abogado ha estado muy implantada en nuestra sociedad a lo largo de los años.
Sin embargo, entre todos los que nos dedicamos a este maravilloso mundo de las ventas, entre otros tú mismo, hemos contribuido a cambiar la imagen que la profesión de vendedor tiene en la sociedad.
El vendedor profesional como persona y profesional
El vendedor profesional es una persona plenamente formada, con más años de formación que algunas de las personas que estudian carreras universitarias. Además, no deja de formarse en toda su vida.

El vendedor profesional es una persona culta puesto que necesita dominar el lenguaje para persuadir a clientes de todos los perfiles socioeconómicos y educacionales.
El vendedor profesional es una persona más trabajadora y persistente que la media, con muchas horas de dedicación a la actividad y una gran disciplina horaria, necesaria para conseguir sus objetivos.
El vendedor profesional es un buen comunicador, domina las técnicas y ha desarrollado un carácter amable, educado y extrovertido. Es una persona con la que da gusto mantener una conversación.
El vendedor profesional es una persona con vocación de servicio. Su profesión le ha desarrollado esta cualidad y esto lo convierte en una persona capaz de echar una mano a quien lo necesita.
El vendedor profesional es un verdadero “empresario”, dueño de su tiempo y de su actividad. Esto tiene varias ventajas evidentes. Por un lado, para la sociedad, el vendedor profesional participa normalmente en sus propios ingresos, lo que libera de cargas a empresas y a Estado. En muchos casos, los vendedores son autónomos y, por tanto, contribuyen a aligerar las cifras de desempleo. Son ellos mismos los que se buscan el trabajo día a día.
Desde el punto de vista individual, el nivel de ingresos de un vendedor profesional suele estar por encima de los salarios medios, por encima de otras profesiones que tradicionalmente han estado “mejor consideradas”. Además, las posibilidades de crecimiento de los ingresos no están limitadas al “IPC”, sino que el límite lo pone el propio vendedor con su trabajo.
Por último, el vendedor profesional es una persona decidida, no depende de los demás para conseguir desarrollar su trabajo. Sabe que “si quiere puede” y afronta así cada día y cada entrevista con sus clientes.
¿Crees que estas realidades son para sentirse orgulloso?. Yo, personalmente creo que sí y además hago alarde de ellas cuando hablo con personas que todavía piensan que el trabajo de vendedor es para aquellos que nos son capaces de hacer otra cosa.
Ejercicios para la acción
Aquí hay dos cosas que puedes poner en marcha inmediatamente para aumentar tu orgullo de ser vendedor.
Primero, lee detenidamente las características sobre el vendedor profesional que hemos detallado anteriormente. Añade cualquier cosa que consideres de interés para resaltar la importancia y la grandeza de la profesión de vendedor.
Segundo, dedica unos instantes, de forma relajada a visualizarte a ti mismo como un vendedor profesional, con todas las características que has detallado. Siéntete orgulloso de ser vendedor y compártelo con las personas de tu entorno.

Artículo escrito por José Ramón Luna de

Red de Coaches

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Paradojas del servicio al cliente en la era de la web social

Twitter customer serviceTodas las compañías que venden sus productos a mercados de consumo tienen departamentos de servicio al cliente. Históricamente, esos departamentos han tendido al desarrollo de herramientas de tratamiento masivo y sistematizado de las consultas de sus clientes, una característica determinada por la fuerte asimetría comunicativa del mercado.
En un mercado tradicional, la función fundamental era la venta. El servicio post-venta tenía, por lo general, una importancia relativa. Después de todo, quien tenía el poder en la ecuación comunicativa era la marca: podía hacer campañas de publicidad en medios y dirigirse a los clientes de manera masiva, mientras que estos estaban limitados a exponer sus posibles quejas ante un ámbito de influencia limitado. Por supuesto, la cuestión no podía descuidarse del todo porque una desatención patente podía llegar a resultar en una pérdida de reputación para la marca, pero en general, la situación permanecía relativamente bajo control: el cliente que tenía una queja, consulta o problema aceptaba un trato completamente asimétrico a través de un call-center que podía tener en muchos casos tiempos de espera elevados, dar respuesta a muy pocas peticiones, y operar en base a unas reglas estrechamente definidas que limitaban el nivel de atención a ofrecer. Lo que no estaba en el libro, no se hacía, se pedían unas cordiales excusas, y a la siguiente llamada.
Con la llegada de la web social, la ecuación comunicativa cambió. De repente, los clientes insatisfechos podían generar importantes problemas reputacionales a las compañías publicando sus quejas en medios sociales, y sometiéndolos a procesos de transmisión viral que podían llegar en ocasiones a una audiencia mayor que un anuncio en televisión. El que veía uno de esos casos y sintonizaba con él por la razón que fuera, no se limitaba a verlo, sino que lo reenviaba, tomando una actitud mucho más activa que la del simple espectador de un medio masivo. Las marcas comenzaron a retratarse: si las quejas abundaban en la web y los medios sociales, estaba claro que sus productos no eran recomendables. En los Estados Unidos surgió el suck-index,  buscar el nombre de la marca junto con la palabra “suck”, y comparar el número de apariciones con las de su competencia directa para extraer una métrica de calidad de su servicio al cliente.
Algunas marcas empezaron a desarrollar sistemas de atención al cliente paralelos, basados en las propias redes sociales. A día de hoy, ya muchas marcas están presentes en sitios como Facebook o Twitter, en donde sus muros y sus timelines son un lugar ya habitual para desarrollar actividades de servicio al cliente. En muchos casos, hablamos de equipos específicos dedicados al tema, internos o externalizados, mientras que en otros se trata de perseguir el concepto de contact center, operadores dedicados a contestar peticiones que entran a través de una gama de canales cada vez más amplia.
Todas esas marcas mantienen sus canales tradicionales de servicio al cliente, y han superpuesto los canales sociales a modo de capa paralela, para aquellos clientes que prefieren relacionarse por ese medio. Y es ahí donde surge la paradoja: mientras una llamada al call-center tradicional te suele llevar a relacionarte con una persona típicamente desmotivada, sometida a unas métricas duras y desalentadoras, y con unos grados de libertad habitualmente escasísismos que funciona según el esquema tradicional, el recurso a las redes sociales te pone habitualmente frente a personas mucho más motivadas, con capacidad para saltarse las reglas, y mostrar una actitud del tipo “go the extra-mile”con el fin de satisfacer las demandas del cliente.
Mientras la atención en el call-center tradicional está quedando cada vez más relegada a los clientes incapaces de expresarse en público más allá de transmitir su descontento a unos pocos amigos y familia, los canales sociales se han desarrollado teniendo como función principal la detención de posibles crisis de relaciones públicas derivadas de la exposición de un problema a la luz pública. Un cliente insatisfecho que llama por teléfono es simplemente un cliente más. Uno que contacta a través de las redes sociales es otra cosa muy diferente, y potencialmente, un problema de cierta magnitud que puede llegar a conllevar una crisis de reputación y una actitud negativa – o incluso ventas perdidas – en otros clientes potenciales.
¿Cuánto tiempo puede persistir esta situación paradójica en la que el nivel de atención tiene una calidad mucho más elevada en un canal frente a otro? ¿Puede una empresa aspirar a dar a todos sus clientes el nivel de servicio y la atención que proporciona hoy en Twitter o en Facebook, canales ricos en interacción, frente a la que ofrece en su call-center? ¿Qué ocurre cuando detrás de la llamada mal atendida hay un cliente que sí tiene presencia en redes sociales, y que simplemente utilizó el canal telefónico por costumbre o conveniencia?
Si llamas por teléfono, puedes encontrarse desde con un número de tarificación especial, hasta con centralitas automatizadas y tiempos de espera insoportables, además de tener que tratar con un operador que actúa prácticamente de manera mecánica, sin ninguna concesión más allá de lo que está en sus procedimientos. Si contactas por Twitter, la situación se resuelve típicamente de manera rápida, cordial, y en ocasiones incluso brillante. Mientras en el call-center te puedes pasar interminables minutos esperando y te cuesta un mundo conseguir hablar con una persona, en Twitter es mucho más probable que vaya todo como la seda. Las anécdotas abundan, y casi todas van en la misma dirección.
Decididamente, las marcas tienen que empezar a plantearse como aplicar reingeniería a un sistema que cada día hace más aguas. En el fondo, una situación que reequilibra el poder de uno y otro lado, y que fuerza a las marcas a ser mucho más transparentes y diligentes en algo que resulta un factor cada día más importante en la elección de un producto: el servicio que obtendremos si tenemos cualquier problema con él. Las marcas que sean capaces de mostrar una proximidad al cliente a través de las herramientas de la web social se verán como propuestas más atractivas frente a aquellas que permanezcan fuera de ellas y solo se relacionen a través de los canales tradicionales.
No, un simple cambio cosmético y un “ya estamos en Twitter” no va a ser suficiente. La web social se ha convertido en el nuevo número de servicio al cliente. Asegúrate de que estás ahí para responder a esas llamadas.
fuente: http://www.enriquedans.com/2014/03/paradojas-del-servicio-al-cliente-en-la-era-de-la-web-social.html
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El valor de la innovación no está en evitar que te copien, sino en conseguir que todos te quieran copiar

Innovar no consiste en blindar lo que haces mediante oscuridad, secretos y patentes para que a otros les sea mucho más difícil seguir por el camino que tú has abierto. No consiste en castigar y multar al que te copia. Porque el que te copia, por definición, va por detrás de ti.
Innovar consiste en crear cosas nuevas con la mentalidad de aprovechar la ventaja del pionero que obtendrás con ellos durante un tiempo corto y limitado, sabiendo que cuando los que te quieran copiar lo hayan conseguido, tú ya estarás en el siguiente paso de la innovación, y ellos solo serán eso: copias. Innovar es contribuir al progreso, no dificultarlo. Ser innovador no es tener una idea y buscar vivir de ella en el futuro, sino tener una actitud que te permita tener esas ideas constantemente. Innovar no es un momento, es un continuo. Es una mentalidad, un estado de ánimo, un reto constante, no un acomodarse porque “total, ya lo tenemos patentado“. Se innova en las compañías, no en los juzgados. Si tienes que pedir a los juzgados que protejan tu innovación, es que ya no eres realmente innovador.Decir que la victoria de ayer es “una cuestión de valores” implica, desgraciadamente, que has perdido esos valores. Al final del camino, puede incluso que Samsung haya sido la ganadora de todo esto.
Si innovas y lo haces bien, todos te copiarán, y tú serás el que innova entre muchos que copian. El valor de la innovación no está en evitar que te copien, sino en conseguir que todos te quieran copiar.
fuente: http://www.enriquedans.com/2012/08/el-valor-de-la-innovacion-no-esta-en-evitar-que-te-copien-sino-en-conseguir-que-todos-te-quieran-copiar.html
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Conseguir tráfico a nuestra Web ¿A qué precio?

Hay estrategias que resultan difíciles de entender. Cuando vienen de la industria de los contenidos, la verdad, esa dificultad tiende a disminuir bastante: uno es capaz de imaginarse las irracionalidades más grandes viniendo de una industria en la que habitan dinosaurios que probablemente nieguen todavía que La Tierra gire alrededor del sol.
Pero aún así, todavía conservan la capacidad de sorprendernos: ¿qué lleva a una publicación como Bloomberg a negar a Flipboard – o mejor, a negar a los usuarios de Flipboard – la posibilidad de incluir en las revistas que autopublican cualquier noticia procedente de medios de la compañía?
A ver, pensemos: en ningún caso hablamos de eso que la industria pretende absurdamente llamar “robo de contenidos”, dado que Flipboard únicamente incluye en sus revistas una imagen, cuando la hay, y un titular. Para llegar al contenido, que únicamente se insinúa a través de esos dos elementos comunicativos, es preciso un clic que lleva, por lo general, directamente a la publicación de origen. En mi página, Flipboard es un habitual referrer de tráfico: no por supuesto al nivel de sitios como Google, Facebook, Twitter o Feedly, pero sí dignamente representado. ¿Qué absurdo proceso mental lleva a Bloomberg a negar el acceso a algo tan fundamental para la comunicación viral y la difusión como un titular y una ilustración? ¿Qué cree perder la compañía de medios a cambio de proporcionar a los usuarios de una aplicación como Flipboard, que no dejan de ser lectores de las publicaciones de Bloomberg, la posibilidad de situar las noticias que leen en las micro-revistas que autopublican?

Son estrategias que solo se explican si provienen de una mente analógica. En mi actividad como generador de contenido, escoger una ilustración y tratar de buscar un titular atractivo se han convertido en elementos fundamentales que pueden decidir el éxito o el fracaso en el recorrido de una entrada. Y eso ocurre en mi caso, en el que el riesgo es mínimo y el problema que puedo tener en caso de que una entrada no se mueva bien es entre escaso y nulo, porque no me juego mi cuenta de resultados en ello. Por supuesto, todo aquello que pueda contribuir a incrementar la circulación de mi contenido es cuidado con esmero: quiero estar en cuantos más sitios, mejor. Me encanta que el titular y la ilustración que he escogido aparezcan en cientos de tweets y retweets, que sean compartidos y reciban muchos Likes en Facebook, que reciban muchos +1 en Google+, que muchos usuarios los incorporen a sus tablones en Pinterest, los compartan en LinkedIn o los coloquen en sus revistas en Flipboard. Por supuesto, tampoco me importa que consuman su contenido en su integridad en otro sitio sin entrar en mi página: tengo claro que quien me lea en su Feedly, en su correo electrónico o en un medio o página que copie entero lo que yo escribo tiene mi nombre o bien al pie, o bien a un clic de distancia, y eso mejora muchos de los elementos de mi negocio. No puedo ni imaginarme diciéndole a uno de mis usuarios algo así como “no, no me da la gana de permitirte que compartas mi contenido en ese sitio donde tú lo querías compartir”. Me parece pura y simplemente absurdo.
Sinceramente, cada día entiendo menos los problemas que aquejan a quienes pretenden vivir de crear contenidos. No soy capaz de imaginarme qué lleva a un escritor cuyas capacidades e inteligencia admiro sincera y cabalmente a dedicar un artículo a insultar a aquellos que se descargan sus obras porque, según él, “le roban”…  cuando resulta que el presunto perjuicio económico que le ocasionan es cifrado por él mismo en un porcentaje inferior al 10% y, por tanto, está asumiendo como natural que su editor retenga nada menos que un 90% del precio final de sus obras. ¿Es que de verdad piensa que su trabajo vale únicamente un 10% y que su editor aporta un 90% del valor percibido por el cliente final? Porque si realmente es así, lo que debería hacer es,claramente, dedicarse a otra cosa. Si piensa que su negocio no sería nada sin ese editor que se queda con el 90% del importe de lo que un cliente paga por acceder a su obra, si de verdad cree que su éxito depende en un 90% de factores como la distribución, la calidad y el diseño de la sobrecubierta o el gramaje del papel, es que tiene una muy pobre imagen de sí mismo. Pero no, lo que hace es, en un artículo, arremeter contra aquellos que se descargan sus obras, en lugar de arremeter contra aquellos que provocan que estas tengan una disponibilidad y un precio completamente absurdo. ¿Qué es esto? ¿Alguna tipo de manifestación del síndrome de Estocolmo?
¿Quién te roba? ¿Los que se descargan tus obras, o los que se quedan con nueve de cada diez euros sobre el precio de las mismas a cambio de ponerlas en las librerías? Si trabajases para incrementar la disponibilidad y el acceso a tu obra modificando la estructura de márgenes de la cadena de valor asociada a su publicación, te puedo asegurar que hablaríamos en otros términos. Pero no hace falta que lo diga yo: ya te lo dicen otros con mucho más fundamento.
Si vives de crear contenidos, toda tecnología que disminuya la distancia entre tu público y tú debería ser buena para ti. Si no lo ves así, simplemente estás equivocado. Y si además de estar equivocado pugnas por convertirte en un personaje antipático que exterioriza su error a voz en grito en titulares de prensa y actuaciones judiciales, insultando no solo a tus posibles clientes sino también a su inteligencia, peor aún.
No, las cosas no son tan sencillas. Pero lo que sí es sencillo es entender qué cosas dependen de ti y cuáles no. Por mucho que haga Bloomberg, no solo no va a evitar que los usuarios compartan sus contenidos, sino que además debería entender que es posible apalancarse en que lo hagan y hacer que eso ayude a su negocio. Por mucho que haga un escritor (por mucho que escriba columnas insultantes o que sus editores presionen al político de turno para cambiar leyes), no podrá evitar que sus obras se compartan, y deberá entender que, para aspirar a seguir viviendo de su creación, debería ir precisamente en sentido contrario: tratar de facilitar la disponibilidad de sus obras para disminuir el incentivo a obtenerlas irregularmente. Ver cada descarga como una situación de demanda insatisfecha que hay que aproximarse lo mejor posible a cubrir. Jamás cubrirás toda la demanda, pero podrás acercarte a un número mucho mayor de lectores, con un margen infinitamente más sano y sostenible, y unas posibilidades de relación infinitamente mejores.

 fuente: http://www.enriquedans.com/2014/01/estrategias-de-contenidos-absurdas-vol-n1.html  (This post is also available in English in my Medium page, “Absurd content strategies, Volume 1“)


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Internet desde el cielo

Facebook parece haber iniciado conversaciones destinadas a la adquisición de Titan Aerospace, un fabricante de drones o “satélites atmosféricos” pensados para volar en capas de alrededor de veinte kilómetros de altura alimentados por energía solar, y diseñados para poder mantenerse en el aire durante períodos de cinco años, más de cuatro millones de kilómetros, sin necesidad de mantenimiento.
Vale la pena pasar por la página de la compañía para ver exactamente de qué estamos hablando: artefactos muy grandes, con alas de unos cincuenta metros cubiertas de paneles solares, pero muy ligeros, de unos 160 kilos. Pueden llevar encima una carga de hasta treinta y dos kilos en equipo, y volar a una velocidad de hasta 104 Km/h. El despliegue comercial está planificado para el próximo año 2015, y se prevén utilidades que van desde la monitorización científica, agrícola, meteorológica o de otros tipo, hasta cuestiones como las telecomunicaciones de voz y datos, pasando por la cobertura de zonas tras desastres naturales o el establecimiento de sistemas de mapas o de geoposicionamiento. Ars Technica les dedicó un artículo en agosto del año pasado.
Parece claro que la posible adquisición de Facebook, cifrada en torno a los sesenta millones de dólares, tendría como objetivo en primera instancia dar cobertura al proyecto Internet.org destinado a poner internet al alcance de los dos tercios de personas del mundo que aún no están conectados. Sin embargo, a pocos se les escapan los paralelismos con el Project Loon de Google, tanto en la similaridad del planteamiento inicial, como en las posibilidades ulteriores de desarrollo: la idea de sustituir a las operadoras tradicionales en aquellas partes del mundo donde estas no han mostrado interés alguno en desplegarse, por considerarlas de escasa rentabilidad. El despliegue de constelaciones de este tipo, de globos o de drones, permitiría llevar un cierto ancho de banda a esas zonas, suficiente para permitir la transmisión de mensajes de texto, aunque todavía muy limitado para el envío de imágenes o vídeo. Sin embargo, sería un paso importantísimo de cara a la obtención de posicionamiento y expertise en el negocio de las telecomunicaciones, en el que Google ya está presente merced a la adquisición progresiva de una gran cartera de fibra oscura y al desarrollo del proyecto Google Fiber, que ofrece conexiones de alta velocidad en un todavía escaso pero creciente numero de zonas en ciudades norteamericanas.
Entre ofrecer alta velocidad en barrios de ingresos elevados de ciudades norteamericanas y hacerlo en algunos de los países más pobres del mundo va una enorme distancia. Pero indudablemente, la filosofía del proyecto es conectar a esos países precisamente para que sean capaces de integrarse en la economía digital y del conocimiento, y mirar a largo plazo de cara a su eventual desarrollo. Una parte altruista, pero otra muy importante de proyección de futuro, y otra, muy posiblemente, de adquisición deknow-how. Las operadoras de toda la vida deberían replantearse su papel: de pretender convertirse en los aduaneros de la sociedad de la información, a terminar encontrándose con que sus preciadas infraestructuras son cada vez más sustituibles por otras… que podrían incluso venir desde el aire. No, seguramente no es algo que vaya a ocurrir mañana… pero mucho ojo con el tema.
 fuente:http://www.enriquedans.com/2014/03/internet-desde-el-cielo.html
(This post is also available in English in my Medium page, “Internet: the sky’s the limit“)
ACTUALIZACIÓN: Marimar Jiménez referencia esta entrada en su artículo en Cinco Días titulado “Facebook negocia comprar una empresa de drones para impulsar internet“.
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